Evidencias científicas

Parto

Partos orgásmicos

¿Podría ser cierto que algunas mujeres tengan partos orgásmicos?

* Un documental recoge experiencias de madres que han sentido placer en vez de dolor
* La presión de la cabeza del bebé sobre la vagina, podría explicar el fenómeno

Imagen del documental.

Imagen del documental.
Actualizado viernes 20/03/2009 11:09 (CET)
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VIV GROSKOP (The Guardian | EL MUNDO)

LONDRES.- Amber Hartnell en ningún momento había pretendido tener un parto orgásmico. Simplemente, le sucedió. "Sencillamente, logré alcanzar ese estado de éxtasis en el que se suceden esos picos orgásmicos. Eran como oleadas arrolladoras que iban penetrando hasta lo más profundo de mí mientras yo reía y gritaba. No me sentía como si estuviera teniendo contracciones. Eran, más bien, como una especie de arrebatos. Y, de hecho, no experimenté dolor, sino sensaciones verdaderamente intensas".

Para la mayoría de las mujeres que han dado a luz -y, también, para la mayoría de los hombres que lo han presenciado- tales "sensaciones" no son otra cosa que un eufemismo de dolor: la mayoría de ellas no ha experimentado durante el parto nada que pudiera parecerse mínimamente a un orgasmo.

Pero Amber Hartnell afirma que eso fue lo que le ocurrió a ella mientras daba a luz a su hijo Orus, un niño que tiene ya tres años y medio. El parto de Amber fue natural, en una bañera especial para parturientas que tenía en su casa y duró 12 horas. Tales "arrebatos orgásmicos" se le estuvieron produciendo durante dos tercios, aproximadamente, de dicho tiempo y hasta el final del proceso.

"Desde luego, fue el placer más extraordinario y avasallador que haya podido experimentar en mi vida", comenta Amber Hartnell. "Fue algo así como si una suerte de flujo energético hubiera recorrido todo mi interior". Además, asegura que no tuvo que prepararse demasiado antes de dar a luz.

"Habitualmente, hago yoga para mantener mi cuerpo flexible y he practicado la meditación. Pero únicamente había leído un libro sobre partos, porque no quería llenarme la cabeza de información. Lo que quería, en realidad, no era otra cosa que abrirme al proceso".

Ahora, aquella experiencia suya se ha convertido en un acontecimiento global. Amber Hartnell, de 29 años de edad, un ama de casa que vive en la isla de Kauai, en Hawai, aparece en un documental titulado 'Parto Orgásmico', que se ha emitido en EEUU, y que se está proyectando en numerosos eventos especiales en todo el mundo.

El propio marido de Amber Hartnell la había filmado mientras ella estaba dando a luz y ambos se mostraron de acuerdo en permitir que el director del mencionado documental utilizara las imágenes.
La reacción de los espectadores

La respuesta del público ante el documental ha sido tanto de fascinación como de horror. Para muchas mujeres, la idea de que el hecho de dar a luz a un hijo pueda ser una experiencia de carácter orgásmico resulta algo demasiado extravagante y hasta ofensivo.

Una bloggera que se encuentra en un estado de gestación muy avanzado, escribe que "puede entender el dolor como algo natural en el proceso de dar a luz, así como hacer que el cuerpo lo supere, transformándolo en lo más agradable. ¿Pero orgásmico? No. En mi opinión, quien lo encuentre orgásmico necesita ayuda".

Amber Hartnell, sin embargo, afirma recibir cientos de mensajes de entusiastas seguidoras suyas, incluyendo entre ellos los de varias mujeres embarazadas que cambiaron sus planes para el parto a raíz de haber visto la película.

El título del documental es, de hecho, equívoco. Mientras que se entrevista a varias mujeres que aseguran haber tenido un orgasmo durante el parto, la película trata de los denominados nacimientos serenos, es decir, partos naturales en un ambiente del propio hogar, sin hacer uso de ninguna clase de medicamentos.

Únicamente en un entorno como éste, unas cuantas mujeres han sido capaces de alcanzar el orgasmo en el curso del parto, según afirma Marsden Wagner, ex director de Salud Infantil y de Mujer de la Organización Mundial de la Salud. "Es preciso que todo sea igual que cuando se hace el amor", asegura este médico en el documental. "Ha de ser un proceso tranquilo, seguro e ininterrumpido".
Partos naturales

En el documental aparece también May Gaskin, la más famosa activista a favor del parto natural en EEUU, cuyo libro Comadrona Espiritual es la biblia sobre partos para madres modernas. Defensora del 'nacimiento extático' -un parto agradable y sin medicamentos-, May Gaskin hizo una encuesta a 151 mujeres, de las que 32 afirmaron haber tenido un parto orgásmico. May asegura que un nacimiento extático es "el momento cumbre más natural del que haya oído hablar, donde la mujer descubre realmente su cuerpo".

"La presión que ejerce la cabeza del bebé sobre las paredes de la vagina, así como la apertura y dilatación de los tejidos mientras la cabeza del niño desciende, proporciona a algunas mujeres una inesperada sensación de excitación sexual, incluso de éxtasis", añade.

Debra Pascali-Bonaro, la productora de la película, una educadora prenatal, asegura que esa capacidad de la mujer para sentir un placer físico de gran intensidad durante el parto es 'el secreto mejor guardado'. Tan bien guardado que muchas argumentan que tal fenómeno no existe. Por tanto, el debate es sobre si lo que han experimentado esas mujeres ha sido un verdadero clímax sexual o, simplemente, lo que han sentido no ha sido sino una especie de respuesta sadomasoquista, confundiendo el dolor intenso con el placer.

Kristeller

En 2002, el Insalud fue condenado por la utilización de la maniobra de Kristeller en un parto con distocia de hombros:

"La sentencia, que acoge los argumentos de Ricardo Ibáñez Castresana, abogado de la paciente, censura la utilización de la maniobra de Kristeller, ya que "no sólo no está indicada, sino proscrita doctrinalmente, porque lo único que haría sería impactar aún más el hombro". El fallo afirma que "esta maniobra está prohibida desde los años cuarenta, aparte de que nunca ha estado indicada para este supuesto, sino para otros distintos".

Noticia completa: http://www.diariomedico.com/edicion/noticia/0,2458,135363,00.html

Cesareas

NEWS : Científicos abogan por menos cesáreas
Enviado por MEDICO el 29/5/2004 17:07:33 (772 Lecturas)

Las operaciones de cesárea podrían ser reducidas en un 25% si a las mujeres que tienen dificultades durante el parto se les aplicara otro tipo de tratamiento, aseguró un grupo de expertos británicos.

Una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Liverpool descubrió que los úteros de ciertas mujeres no experimentaban las contracciones apropiadas porque sus músculos estaban cansados.

Los altos niveles de ácido láctico así lo indican, agregaron los investigadores. Advirtieron que los tratamientos dirigidos a acelerar el parto pudieran empeorar el problema.

El equipo de expertos planteó que si no se aplican dichos tratamientos se le podría dar al útero la oportunidad de descansar y recobrar sus fuerzas para un parto natural.

Cerca de 21% de los nacimientos se producen mediante una operación de cesárea. Una cuarta parte de éstos ocurren por dificultades que se presentan y que impiden el progreso apropiado durante el parto.

Los investigadores de la Universidad de Liverpool y del Hospital de Mujeres de Liverpool tomaron muestras de sangre del útero de unas 72 mujeres que habían sido operadas de cesárea.

Una tercera parte de las operaciones fueron planificadas. Pero el resto se realizó porque fallaron todos los otros intentos de asistir durante el parto.

Los expertos encontraron que los niveles de acidez en la sangre eran más altos en las mujeres cuyos úteros fueron incapaces de producir contracciones y a quienes no les sirvió recibir terapia de hormonas.

Estas mujeres tenían también niveles más altos de ácido láctico y niveles más bajos de oxígeno en la sangre que cualquier otro grupo.

Los investigadores dijeron que si los músculos están trabajando duro pero no reciben el oxígeno que necesitan, cambian su composición bioquímica para todavía poder tener su parto.

En la actualidad a las mujeres que tienen dificultades para parir se les da una versión sintética de la hormona oxytocin para acelerar las contracciones. Pero este tratamiento fracasa con frecuencia, por lo que se recurre a la cesárea.

Los expertos dijeron que si se pudiera identificar a las mujeres con niveles altos de ácido láctico, y no se les aplicara el tratamiento de hormona, se les pudiera dar la oportunidad a sus cuerpos de recuperarse. BBC

Más evidencias

http://criarconelcorazon.org/foro/viewtopic.php?t=8933&highlight=

Lactancia

Según una investigación realizada por el Telethon Institute for Child Health Research, de Perth, Australia, los niños amamantados hasta los seis meses de vida, son más felices. Tiene una salud mental significativamente mejor que aquellos que no lo fueron. Además, tienen una menor probabilidad de exhibir problemas como comportamiento antisocial y delincuencia.

El estudio fue realizado siguiendo el crecimiento y desarrollo de más de 2.500 niños australianos, durante los últimos 16 años. Los investigadores creen que la leche materna parece representar un papel importante en el crecimiento del cerebro, durante el primer año de vida de un niño.

La investigación verificó que los niños que fueron amamantadas por menos de seis meses, tenían una probabilidad 55% mayor de tener problemas de salud mental, al cumplir los 6 años de edad, y una probabilidad 61% mayor de exhibir problemas de comportamiento antisocial, alrededor de los 8 años, cuando comparados a los bebés amamantadas por 6 meses o más.

La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo recién nacido. No solo considerando su composición sino también en el aspecto emocional ya que el vínculo afectivo que se establece entre una madre y su bebé amamantado constituye una experiencia especial, singular e intensa. Existen sólidas bases científicas que demuestran que la lactancia materna es beneficiosa para el niño, para la madre y para la sociedad, en todos los países del mundo.

La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante los primeros meses de la vida. Protege al niño frente a muchas enfermedades tales como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante, mientras el bebé está siendo amamantado; pero también le protege de enfermedades futuras como asma, alergia, obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio en la edad adulta y favorece el desarrollo intelectual.

Los beneficios de la lactancia materna también se extienden a la madre. Las mujeres que amamantan pierden el peso ganado durante el embarazo más rápidamente y es más difícil que padezcan anemia tras el parto, también tienen menos riesgo de hipertensión y depresión postparto. La osteoporosis y los cánceres de mama y de ovario son menos frecuentes en aquellas mujeres que amamantaron a sus hijos.

Desde otro punto de vista, la leche materna es un alimento ecológico puesto que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse con lo que se ahorra energía y se evita contaminación del medio ambiente.

Y también es económica para la familia, que puede ahorrar cerca de 100.000 pts. en alimentación en un año. Además, debido a la menor incidencia de enfermedades, los niños amamantados ocasionan menos gasto a sus familias y a la sociedad en medicamentos y utilización de Servicios Sanitarios y originan menos pérdidas por absentismo laboral de sus padres.

Por todas estas razones y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP), el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses de la vida del niño y continuar el amamantamiento junto con las comidas complementarias adecuadas hasta los 2 años de edad o más."

Lactancia materna mejor que artificial

La absorción del calcio

El consumo de leche como adultos en la especie humana es una adaptación natural a la necesidad de calcio y vitamina D en una determinada latitud y con un tipo concreto de alimentación. Pero, lógicamente, cuando puedes consumirla, es porque absorbes ese calcio, por eso tu etnia se ha adaptado a seguir digiriéndola pasando la edad del destete.

Lo natural es que los mamíferos dejen de fabricar lactasa (la encima que digiere la lactosa en el intestino) una vez superan la edad de destete. Por eso muy pocos animales adultos consume leche cuando se les pone a su disposición (pero dadle por ejemplo a un gato un plato de leche y lo más seguro es que la saboree, así que no es cierto que todos los animales dejen de tomarla si pueden), es una protección de las crías, para que no tengan competidores más fuertes por la leche.

Sin embargo, los seres humanos en determinadas latitudes no disponen de suficiente exposición solar para conseguir fijar el calcio que obtienen de los alimentos. O no consiguen suficiente calcio de esos alimentos. En esos casos, la adaptación de la etnia pasa por seguir fabricando lactasa pasada la edad de destete, y criar ganado para obtener leche de él y consumirla. Por eso la población tolerante a la lactosa ocupa una franja concreta, en general es la población habitante de Europa, y en el hemisferio sur, una franja de pueblos africanos y asiáticos que toleran la lactosa y crian ganado para consumir leche fresca y derivados lácteos. Entre los trópicos normalmente el nivel de insolación medio es suficiente para asegurar la fijación del calcio que se obtiene por ejemplo de la verdura. En las zonas más extremas, hacia el polo, el consumo de pescado ayuda a obtener el calcio y la vitamina D y no se consume leche ni es eficiente criar ganado lechero.

Por eso por ejemplo en España un 25% de la población es intolerante a la lactosa pasada la edad del destete, porque el nivel de insolación sobre todo en el sur (donde hay más intolerantes) asegura la fijación del calcio de otros alimentos (hacia el sur se consumen más alimentos ricos en calcio y más pescado, además).

Así que si eres tolerante a la lactosa, asimilas el calcio de la leche sin problemas. Lo demás son leyendas sin bases científicas en su mayor parte. Los prejuicios contra el consumo de leche vienen en su mayor parte de la medicina china, un área donde predomina la intolerancia a la lactosa (aunque hay zonas donde se mantiene el consumo y la tolerancia), así que es lógico que allí no se asimile correctamente el calcio de la leche, puesto que les sienta muy mal. Aparte, están los intereses comerciales. Hay que recordar que la tolerancia a la lactosa es una adaptación que se ha desarrollado a lo largo de milenios, igual que la ganadería lechera. Sin embargo, hay un monopolio, el de Monsanto, con un poder económico absolutamente brutal y con una gran necesidad de colocar los excedentes de su producción como sea, y el consumo humano es un destino muy goloso, mucho mejor que el pienso, que da menos márgenes. La industria de la soja se ha lanzado a financiar/vender esas maldades de la leche y se les da muy bien, tanto como para haber convencido a personas perfectamente sanas y adaptadas al consumo de leche, que no les viene bien. Y lo que es peor, a base de esos prejuicios, van fabricando progresivamente personas intolerantes a la lactosa (puesto que si dejas de consumirla, dejas de fabricar lactasa).

La lactosa es necesaria para asimilar correctamente el calcio de la leche. Por eso el calcio de los derivados lácteos donde la lactosa falta (fermentados y quesos) no se absorbe igual de eficientemente.

Crianza con apego = menos violencia

REPORTAJE
Donde nace la violencia
ÁNGELA BOTO 30/09/2007

Los expertos llevan años haciéndose una pregunta tan vieja como el hombre. ¿La persona agresiva nace o se hace? La respuesta es clave: en el origen de la violencia está la semilla para la paz. Quizá las caricias y el amor en la infancia podrían resolver este interrogante.

Un investigador descubrió una agresividad casi nula en tribus que mantenían un contacto estrecho con sus hijos
El cerebro es flexible, puede reaprender. Tenemos capacidad para reducir la violencia con un entorno afectivo
Los datos son cristalinos. Entre 2002 y 2006, las muertes de mujeres a manos de sus parejas aumentaron en España un 32,62%. Su maltrato, entre 2001 y 2005, un 143,67%. Entre 2000 y 2004, las agresiones a niños en el ámbito familiar crecieron un 108,67%. Las cifras del Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia no incluyen las agresiones de hijos a padres, pero reflejan una realidad preocupante: el mayor incremento de la violencia se está produciendo en el seno de la familia.

"El Homo sapiens es el primate más violento del planeta contra la hembra de su misma especie y contra sus propias crías", escribe James Prescott en su artículo Cómo la cultura modela el cerebro y el futuro de la humanidad. Prescott, ex director del Instituto Nacional de la Salud y el Desarrollo Infantiles de EE UU (NICHD, en inglés) y actualmente director del Instituto de Ciencia Humanística, lleva años persiguiendo el origen neuronal de la violencia humana a través de estudios que analizan la conducta de los monos y las costumbres de diversas tribus de todo el mundo.

Y si se habla de violencia del sapiens sapiens, hay que añadir la que inunda cada mañana los diarios e informativos de todo el mundo. "La violencia humana equivale a lo que se conoce como agresión entre los animales", explica Manuela Martínez Ortiz, profesora de psicobiología de la Universidad de Valencia. "La diferencia radica en que los animales la utilizan para solucionar conflictos de territorio, reproducción, etcétera, pero entre ellos se encuentra sometida a numerosos límites que los humanos han perdido. Nosotros no reconocemos los signos de sumisión del oponente que indican el final de la lucha. No hay límite y se puede llegar a masacrarlo completamente".

Algo ha ocurrido en el camino evolutivo para que el humano tenga formas tan propias de agresión. La neurociencia, la psicobiología y el estudio antropológico de ciertas tribus han aportado pistas interesantes que permiten bucear en los posibles orígenes de la violencia. Y, por tanto, también descubrir las semillas de la paz.

Una vez más, las redes neuronales actúan de caja negra, almacenando claves para descifrar el comportamiento y sus orígenes. La primera constatación neurológica es que el cerebro de un homicida o de un suicida presenta diferencias llamativas en comparación con el de un individuo no violento. En las personas agresivas, los centros ejecutivos, los que modulan las reacciones impulsivas y a la vez son las regiones más evolucionadas están ralentizados e incluso pueden llegar a estar completamente desconectados. Por el contrario, las áreas más primitivas, donde se gestionan los miedos y las emociones negativas, están más activas.

La cuestión inmediata es si esas diferencias biológicas siempre estuvieron ahí, si un violento nace o se hace. Más de dos siglos atrás, el filósofo Jean-Jacques Rousseau decía: "No hay pecado original en el corazón. El cómo y el porqué de la entrada de cada vicio pueden ser delimitados". Parece que el pensador francés tenía razón. Con todo el arsenal científico en la mano, Debra Niehoff, neurocientífica experta en el asunto y autora de La biología de la violencia, afirma: "La mayor lección que hemos aprendido del estudio del cerebro es que la violencia es el resultado de un proceso de desarrollo, una interacción entre el cerebro y el entorno".

El análisis podría dar para muchas páginas, pero comencemos por el principio, por el principio de la vida. Es aceptado por todos que las vivencias prenatales tienen una influencia fundamental en el comportamiento. Tras el nacimiento, con el cerebro en pleno desarrollo, las experiencias modelan aún más la arquitectura neuronal y, con ella, la personalidad del adulto. James Prescott sostiene que la violencia está íntimamente relacionada con el placer, o más precisamente con los circuitos cerebrales que dan la capacidad de gozar. En su opinión, las bases fundamentales para el arte del disfrute se adquieren a través del contacto físico y emocional con la madre, la primera fuente de amor. En esos primeros momentos se produce una asociación o disociación neuronal que quedará registrada en los circuitos en los que se gestionan el bienestar y el dolor. "Cuando no se toca y no se rodea de afecto a los niños, los sistemas cerebrales del placer no se desarrollan. La consecuencia de ello son unos individuos y una cultura basados en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo", asegura Prescott.

Este investigador partió de los trabajos con monos de otros científicos William Mason y Gershon Berkson de referencia en esta área de la neurobiología. Se conocen desde hace décadas las consecuencias nefastas de la separación de la madre sobre el comportamiento y la salud de un individuo. Mason y Berkson vieron más tarde que los efectos negativos de la separación podían reducirse si los animales del experimento recibían un sucedáneo de madre: una estructura móvil de plástico con un recubrimiento similar a una piel. El movimiento resultó ser muy importante porque si la madre adoptiva no se movía, tampoco había efecto positivo. Este detalle llevó a Prescott a determinar que el balanceo materno ?que comienza cuando la cría está en el útero? tiene una acción fundamental en el correcto desarrollo del cerebelo. Esta región controla la producción de dos neurotransmisores (noradrenalina y dopamina). Ambos, directamente relacionados con la hiperactividad, la adicción y la agresividad.

A continuación, Prescott quiso ver qué ocurre en humanos, y lo hizo estudiando las costumbres originales relativas al contacto madre-hijo de 49 tribus de todo el mundo. Tal como había predicho, los grupos poco afectivos con sus niños, y con muy poco contacto piel a piel, presentaron altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo, la agresividad era casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho con sus hijos.

En lo que se refiere a las sociedades llamadas desarrolladas, Jay Belsy, director del Instituto para el Estudio de los Niños, las Familias y Asuntos Sociales del Birkbeck College (Inglaterra) y coautor de un gran estudio del NICHD de 2001 sobre las guarderías, sostiene que los datos del mencionado trabajo, los de sus estudios anteriores y posteriores, indican que los bebés y los niños pequeños que pasan más de 30 horas a la semana en una guardería desarrollan en la adolescencia y preadolescencia una mayor tendencia a ser agresivos, a pelearse y a acosar a otros. Las interpretaciones de los mismos datos son variadas. Algunos expertos son muy críticos con Belsy porque consideran que es un extremista y que exagera los resultados, además de ser un enemigo de los derechos de las mujeres trabajadoras.

Louis Cozolino, profesor de psicología de la Universidad de Pepperdine (EE UU) y autor de The neuroscience of human relationships (La neurociencia de las relaciones humanas), explica que "cuando no hay mucho contacto o existe una falta de cuidados es más probable que el cerebro desarrolle un sistema dirigido fundamentalmente por la adrenalina. Esto dará lugar a un tipo más violento, más agitado. Algo que tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Cuanto menos protegido esté un niño por sus padres, más agresivo tiene que ser para sobrevivir".

La ecuación contraria es igualmente válida. En un entorno de afecto, contacto y amor se activan los circuitos neuronales de la serotonina, un neurotransmisor del bienestar. Dicho de un modo simple, el cerebro registra las experiencias vitales en forma de códigos químicos que crean algo así como un ambiente neuronal específico para cada individuo. Cada vez que interaccionamos con una persona nueva lo hacemos desde ese escenario cerebral que condiciona totalmente nuestra forma de percibir el entorno y la respuesta ante él.

Michel Odent, un conocido obstetra francés, no duda en afirmar que "se producirá una revolución en nuestra visión de la violencia cuando el proceso del nacimiento se vea como un periodo crítico en el desarrollo de la capacidad de amar". La primera hora después del nacimiento es clave para que la biología y la psique reciban una impronta básica contra la violencia, según el médico. La razón es la descarga masiva de una hormona conocida popularmente como la hormona del amor (oxitocina), que se genera en el momento del parto. Ésta desencadena la respuesta maternal y favorece la creación de un fuerte lazo entre madre e hijo. La afirmación de Odent sobre el desarrollo de la capacidad de amar procede de la constatación de que la oxitocina interviene en casi todos los aspectos del amor y del gozo, desde el carnal hasta el puramente fraternal o filial.

En relación con los distintos tipos de amor, Prescott hizo una curiosa observación en su estudio de los indígenas. De las 49 tribus, 13 escapaban a sus predicciones sobre la relación entre contacto físico en la infancia y violencia en la edad adulta. Buscando en las costumbres descubrió el elemento que faltaba: otras relaciones de amor en la adolescencia suplían lo que el entorno más cercano les había negado. Un hallazgo directamente relacionado con uno de los aspectos más fascinantes y prometedores del cerebro, su plasticidad.

"Biología no significa destino", asegura Niehoff. "El cerebro es flexible y puede reaprender. Tenemos herramientas para reducir la violencia creando un entorno seguro y de amor". Y esto es cierto incluso en casos de niños que han sufrido abusos graves en el seno de la familia. Si había alguien que les trataba con amor, que se ocupaba de ellos, y les mostraba que el mundo no era sólo agresión y violencia, se estimulaban los recursos personales para superar el impacto negativo de los abusos. Esto se conoce como resiliencia. "Se produce una transformación cuando alguien se ocupa de estos niños. La cuestión es cuánto tiempo el sistema [el cerebro] se mantiene plástico", dice Cozolino. Obviamente, la prevención parece más sencilla que la reprogramación.
Si el cerebro es flexible, el ADN también, si las circunstancias acompañan. A principios de los años noventa, en plena fiebre del gen de?, un equipo de científicos identificó el de la violencia. Se trataba del fragmento de ADN que produce una proteína encargada de degradar neurotransmisores como la serotonina y la adrenalina, conocida como MAO. Los investigadores sostenían que tener una versión poco activa del gen de la MAO significaba tener tendencia a la violencia.

Casi 10 años después, un estudio del King's College (Londres) que siguió a más de 400 hombres desde su nacimiento hasta la edad adulta demostró que la presencia del gen no era suficiente para que una persona fuera agresiva. El interruptor de la violencia estaba en el exterior. Las personas que tenían el gen defectuoso y que sufrieron falta de atención o abandono emocional durante la infancia se convirtieron en adultos agresivos. Sin embargo, aquellos que también portaban una MAO poco activa, pero que vivieron en un entorno afectivo, escaparon a la predisposición genética.

Parece que las semillas de la paz están en nuestras manos. "La hipótesis es que una crianza adecuada en ausencia de estrés permite a nuestro cerebro desarrollarse de manera menos agresiva y emocionalmente estable. Creemos que este proceso permite a los humanos desarrollar más su potencial creativo", escribía en la revista Scientific American Martin H. Teicher, catedrático de psiquiatría de la Harvard Medical School (EE UU). O como sentencia Prescott: "La transformación de una cultura violenta en una de paz comienza por el individuo que en la infancia es colocado en un camino de aceptación en vez de en otro de rechazo".

La violencia a la q se refiere este artículo no es pegar… hagamos autocrítica: violencia es también dar un azote de vez en cuando, a dejar llorar, a no escuchar, a ignorar los sentimientos de tu hijo, amenzar o chantajear… eso es a lo q se refiere.

Educación

Hombres y mujeres no somos iguales

No a las guarderías

De la escuela a la vida adulta por Eduard Punset

"Acabo de regresar de Londres donde varios investigadores están aireando pruebas efectuadas a lo largo de estos últimos años sobre los efectos de la escuela en la conducta de los adultos. Resumiendo: los tres momentos cruciales en la vida de una persona son:

La negociación madre hijo hasta los cinco años aproximadamente. Esta negociación de un refugio seguro para el niño, fundamentado en el apego sentimental, puede darle la seguridad y autoestima que necesita para abordar con posibilidades de éxito el siguiente paso crucial.

En la escuela, el niño va a intentar replicar el entorno que le sirvió para sobrevivir la ansiedad de la separación de los padres -podrá experimentar a lo largo de la vida otros sentimientos tan fuertes, como el desamor en los adultos, pero nunca uno más destructivo-. En realidad, se acaba de comprobar que neurológicamente los dos sentimientos son idénticos.

El último recodo es, por supuesto, la salida al exterior; la vida con todas sus alegrías y amenazas. Pues bien, lo que está cada vez más claro es que la conducta en esta etapa adulta está muy determinada por lo que ocurrió en las dos anteriores: en el regazo maternal y en la escuela. En función de ese pasado se llega a la vida adulta con curiosidad por descubrir más cosas, cuestionar dogmatismos y colaborar en construir algo mejor. O bien se llega con ánimo de repudiar y hasta de destruir lo que uno encuentra. También en función del éxito o fracaso de las dos etapas anteriores.
Lo anterior me ha llevado a dos conclusiones. A nivel conceptual, estoy convencido de que la ignorancia heredada sobre la competencia emocional y consiguientes errores cometidos por los padres en la gestión de las emociones en la infancia, son la semilla de los errores que esos niños cometerán, a su vez, con sus hijos el día de mañana. De ahí la degradación de la conducta colectiva que aumenta en progresión geométrica.

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